Cuando menos te lo esperas … pasa algo interesante

Cuando menos te lo esperas … pasa algo interesante
Un buen título para este artículo y para el blog en general ¿verdad? Fácil de escribir, decir y entender, y difícil, muy difícil de hacer realidad en nuestras propias experiencias de vida.
Vivir en el pasado pensando en lo que conseguimos o no conseguimos, en lo que debíamos de haber dicho o callado, o en las decisiones buenas o malas que hemos tomado, nos lleva a no vivir plenamente nuestro presente y a no afrontar limpiamente el futuro. A todos nos gusta que el pasado esté vivo en nuestro presente, para bien y para mal. Nos cuesta aceptar la vida tal y como se nos presenta y provocamos, sin quererlo muchas veces, que lo que hicimos o dejamos de hacer en épocas pasadas sea la base de nuestro presente. Pero, por el contrario, construir nuestro día a día olvidando el pasado no es la solución: hemos de aprender de los momentos vividos y tomarlos como enseñanzas gratuitas que nos permiten aprender y avanzar hacia el futuro viviendo el presente. El presente solo es presente un instante; no lo desperdiciemos entrando en la dinámica de vivir un pasado ya pasado…
Pero tampoco malgastemos este presente organizando y planificando, transformando nuestra vida hoy en ese futuro que todavía no ha llegado. Lo importante es el ahora; y es que por mucho que planifiquemos, es difícil que todo salga de la manera que lo hemos deseado. Construyamos día a día el futuro: porque cada pensamiento o sentimiento, cada palabra o acción que tomemos tendrá una consecuencia en nuestras vidas. Evitemos pensar en negativo para el mañana porque nos impedirá disfrutar del presente y del verdadero valor del día de hoy.

Si dejamos de centrarnos en errores pasados o en los miedos del futuro, dejaremos de ignorar nuestro entorno y pasaremos a estar abiertos a los mensajes que nuestra propia vida en presente nos ofrece. Nos daremos cuenta de las cosas realmente importantes, y disfrutaremos de lo que nos rodea y experimentaremos nuevas emociones. Despierta. Mira. Cierra los ojos. Vuélvelos a abrir. Arriésgate a no saber de todo, a no controlar todo y a todos. Disfruta de la vida…Porque cuando menos te lo esperas, ocurre algo que escapa a tu control.

Cuando menos te lo esperas….., haces realidad esta frase que casi todos relacionamos con un azar que, a la vuelta de una esquina, nos hace encontrar esa pareja en un amigo que siempre nos había cogido el teléfono, convirtiéndolo un día en tu compañero de viaje cuando ni tan siquiera te habías planteado si es guapo o feo.
Y es que cuando menos te lo esperas te das cuenta de que, para bien o para mal, nada depende de uno mismo. Que esa noticia que ansiabas en positivo y que has dado por hecha en los últimos años asociándola con planes de futuro también positivos, es negativa. Y te quedas con la notificación en la mano sin saber cómo avanzar ni qué hacer.
Y es cuando menos te lo esperas y más en soledad te sientes, cuando reaparecen las amigas de antaño que te despiertan día a día con un “buenos días, guapa” o a las que siempre puedes llamar y decir “hazme reir” Y que están dispuestas a escuchar una y mil veces la misma historia que te preocupa. Y es cuando menos te lo esperas, un amigo con el que no contabas te llama casi todas las noches durante casi seis meses para darte ánimos con mensajes que rondan la cursilería y que a ti, en el fondo, te emocionan.
Ahora, cuando menos te lo esperas, es cuando suena el teléfono en una casa en la que antaño no se oía su sonido porque no le interesabas, o al menos eso te habían hecho creer, a nadie.
Y es ahora cuanto encuentras tiempo y cuando menos te lo esperas, para colaborar ayudando a otros y puedes mirar hacia atrás para darte cuenta de que eres muy, extremadamente si cabe, afortunada.
Y es ahora, cuando menos te lo esperas, cuando rejuveneces tu apariencia, volviendo a recuperar el aspecto y vestimenta que habías perdido cuando estabas convertida en una señora de mediana edad con sólo 30 años.
Por fin, y cuando menos te lo esperas, te das cuenta de que has recuperado de golpe a la familia que dabas por perdida cuando anteponías erróneamente a otra persona que se creía estar, por derecho, antes que tú y que todos los que le rodeaban. Y es que, en realidad, nunca se había ido.
Y que cuando menos te lo esperas, ya has puesto en marcha ese proyecto abandonado tantas veces y te has dado cuenta de la cantidad de personas a tu alrededor que están dispuestas a ayudarte a llevarlo a cabo. Desconocidos en ocasiones, que se convierten en sorpresas de amigos dispuestos a echarte una mano.
Y ya, cuando menos te lo esperas, te das cuenta de que has dejado de planificar las Navidades en verano y el verano en Navidad e improvisas o planificas, como mucho, hasta el siguiente fin de semana.
Por fin, y cuando menos te lo esperas, ya no tienes tan presente aquello que tanto daño te hacía, y ya estás en el camino de olvidar lo que serán, seguro, sólo malos recuerdos.

Y así, aprendiendo a vivir de nuevo todos los días y prestando atención a las señales que se nos presentan, lo realmente importante aparece de repente en tu vida cuando menos te lo esperas.

 

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